domingo 19 de febrero de 2012

CAPITULOS QUE SE CIERRAN...


Hoy, tras casi 10 meses de la pérdida de Cásper, cierro ese vacío en mi vida. Pero es un cierre en falso, ahí quedan encerradas pero latentes todas mis penas, mis ansiedades, mis deseos, mis ganas por volver a tener a un perrito a mi lado.
La situación es clara, esto se acabó. Y no hay hermosas palabras para escribir una larga y emotiva entrada, no las hay porque esto es tan feo que no afloran en mis dedos ni un ápice de poesía.
Acabo de dejar de buscar por la red algo que me dé un poco de luz, busco algún artículo, alguna información científica que me diga que estoy perdiendo el juicio, que tengo trastornos emocionales y sociales, pero no encuentro nada... A lo mejor mi trastorno todavía no tiene nombre, ojalá lo tuviera, porque lo que ahora mismo desearía es dejar de llorar por ese animal que se fue y por el que no ha venido ni vendrá, y no encuentro la fórmula mágica.
Quizá una terapia conductista haga sus efecto, fuera estímulos, fuera imágenes, fuera pensar en lo que no se puede pensar...
Capítulo cerrado, latidos detrás de ese muro de hormigón.

domingo 8 de mayo de 2011

El vacío



Hay un silencio que lastima los oídos... Sus pasos, sus suspiros, sus pequeños ronquidos, algún leve gruñido, sus besos a lametazos, su agüita al beber... leves sonidos que durante 14 años me han acompañado, 17 años si recuerdo los tres años en que convivieron juntitos Lucy y Cásper, la mamá y su hijo. Sonidos muy leves del día a día, imperceptibles entonces, y que ahora me parecen necesarios para respirar en esta eterna mañana de mayo.


Silencio y vacío. Una paradoja en realidad, una casa con cuatro personas en ella que se mueven, que rondan para arriba, para abajo, que hablamos, que gritamos, lloramos, reimos... dos de ellas mis niñas preciosas, que se están portando como dos campeonas... Pero hay un vacío tremendo, porque él no está, y él estaba siempre.


Vuelvo de la calle y él no está para saludarme. Me levanto por la mañana y él no está junto a mi cama. Abro la puerta para salir y no acude con su trotecillo contento. Miro hacia mis pies y él no está... Hay un vacío, un vacío que me acompaña por donde voy. Y el silencio... ¡qué silencio!



sábado 7 de mayo de 2011

Cuándo...





Hoy Cásper no se quería levantar, lo ha hecho a regañadientes y en vez de bajar conmigo se quería volver a echar en la alfombra de Marta. Aunque ha movido tímidamente el rabo al ver su correa, en la calle no quería andar, y ahora está aquí a mis pies, echadito en la alfombra.



Es un manojito de huesos y pelo temblando sin parar, y sus ojos empiezan a preguntar.... Por qué... Por qué no quiero pasear, por qué ni bebo agua, por qué no acudo a los brazos de mi ama y lo único que quiero es echarme, por qué al acostarme me clavo mis propios huesos... por qué me cogen, me besan y me abrazan muy apretadito en estos días... por qué... por qué...



Empiezo a ver algo en sus ojos, ese algo que llevo días esperando a que apareciera, no estoy segura aún. Creo que en cualquiero momento se va a levantar y me va a seguir por la casa, como este tiempo atrás, cuando ya desahuciado nadie daba un duro por él... pero me seguía, y comía alguna cosita sabrosa, y quería salir a la calle.



Y ya parece que no quiere nada de eso. Hasta mis brazos ha rechazado, ha mirado la alfombra, me ha mirado a mí y ha ido a acostarse.



He llamado a la clínica veterianaria... están allí... que vaya cuando quiera... Pero ¿quiero?



Y el me mira temblando... hecho un ovillo... ¿él quiere?



Casper, perrito bueno, te quiero con locura...

domingo 23 de enero de 2011

JOSÉ Y PILAR

Esa noche me desperté varias veces y me costaba conciliar el sueño, porque las imágenes se volvían a proyectar ante mis ojos con una tremenda nitidez. José y Pilar, Pilar y José...



Me quedo con las imágenes en la Montaña Blanca, el abrazo profundo y eterno, y el viento ondeando en sus ropas y enredándose en el pelo de Pilar. La mirada cómplice... y el abrazo...



Desde fuera me sentí honrada, privilegiada, por poder entrar en la vida de esta admirable pareja. Pero a la vez sentía una profunda timidez, como si me hubiera colado en su cocina mientras Pilar fregaba los vasos del desayuno, o en el despacho de José mientras se acomodaba para el increible proceso de CREAR. Yo estaba allí, en ese avión, en esa rueda de prensa, vigilando ese suero que se iba consumiendo, y a ratos sentía que nadie me había invitado... o quizá sí.



Si ya mi admiración por José Saramago era grande, después de esta experiencia se ha vuelto infinita. Admiración infinita por su obra, y sobre todo por su persona en toda su integridad. Hombre admirable simplemente por su mirada... Sentado en silencio, pensando, miras sus ojos y ves tanto... como cuando miras el cielo en una noche estrellada, y si te concentras puedes ver que detrás de las estrellas más visibles, hay más, y detrás de aquellas, más, y más... sin fondo.



Hombre admirable cuando habla, con ese acento sedoso, su parsimonia, sus pocas y justas palabras que en cada momento son las que tienen que ser. Y me sorprendo con su increible sentido común... ¿por qué a veces le damos tantas y tantas vueltas a las cosas? A veces son tan sencillas que no somos capaces de verlas. Y Saramago, con pocas palabras podía esclarecer el mayor de los misterios, con esa serenidad, con ese aplomo... "dios, dónde está dios, si nos decían que estaba en el cielo y el cielo no existe, sólo el espacio... "



Raciocinio, sabiduría, sentido común... y algo que hace de él un hombre único: su sentido del humor. Humor que para mí, más ignorante que otra cosa, porque cómo me atrevo yo a hacer semejante valoración, con la cantidad de personas inteligentes que lo han estudiado, repito... humor que para mí raya en la inocencia... humor que los que saben más que yo dicen que es ironía. Una ironía basada en la inocencia, insisto, que te provoca una gran sonrisa, e incluso que te puede emocionar... Porque repito... ¿cómo no somos capaces de ver las cosas con esa clarividencia, por qué le damos vueltas y vueltas a asuntos, buscando una explicación profunda y compleja, cuando la respuesta está ahí, delante nuestra, esperando a que simplemente la veamos?



No somos capaces, no, y la razón es tan sencilla... José Saramago fue un genio, un hombre de los que sólo surge uno cada 100 años, por no decir más. Y ante semejante hecho la Naturaleza debería de haber aprendido ya... debería haber aprendido que la humanidad no puede permitirse estas pérdidas, debería haber aprendido que hombres así nunca deben morir.









jueves 1 de julio de 2010

Los burros y yo...

Y cambio en este título algo que una amiga feisbuquera comentó en un post mío... algo así como "Paqui y sus burros", y me llenó de orgullo! Gracias, Lego.

Vengo del blog de Burro Romero de leer algo que me ha dejado gratamente impresionada, algo sobre el milagro de la vida ante unos ojos llenos de sensibilidad y amor hacia estos impresionantes animales. No digo más, que las palabras importantes son suyas, y estos ojos que vieron semejante milagro son los de Rafael Benjumea, del Refugio del Burrito... Os enlazo con su relato.

http://burroromero.blogspot.com/2010/07/bienvenida-al-mundo-pequena-por-rafael.html

lunes 28 de diciembre de 2009

La Casa de la Carretera






Mis recuerdos me llevan a aquella Casa familiar, una casa que a veces llenábamos de carreras y voces infantiles, y que la mayor parte de las veces se quedaba en silencio intentando buscar las risas y los llantos del pasado.
Hubo un tiempo en el que la vida llenó cada rincón de la Casa, bullía la energía en su interior... y rebosaba por el aire de aquella entonces humilde ciudad... Las risas de la Casa de la Carretera... Mujeres maduras gobernando, muchachas jóvenes alborotando... cascabeles de alegría entre carencias. Eran bonitas, muchos rondaron la Casa atraídos por sus voces, sus risas y sus talles altaneros. Y ellas reían, reían, y las mujeres maduras reían con ellas.
Pasados los años la Casa quedó como testigo mudo de una vida, de muchas vidas que se fraguaron allí, que pasaron por allí, que acabaron también allí.
Hubo muchas lágrimas por el padre y esposo muerto, por el hijo y hermano muerto... tan joven... A veces aquellas lágrimas vuelven prendidas de los recuerdos...
Hoy. Recuerdo a los que faltan, a los que están en la distancia. Miro a mi madre, a mi padre... Sentados en sus sillones. Cada día es uno más, qué vamos a comer, qué vamos a cenar... ¿vendrán hoy a vernos? No, hoy no han venido, a ver mañana. Y amanece otro día, y allí están ellos de nuevo sentados en sus sillones, viviendo un día más, respirando un dia más.
Y ellos... fueron parte de los que rieron, de los que llenaron de vida la Casa, de los que lloraron en ella. Mi madre fue uno de esos talles altaneros, fue una de aquellas hermosas muchachas a la que muchos intentaban mirar al pasar por la Carretera, tuvo una de esas cristalinas risas que revoloteaban por la puerta hacia la calle.
Como se puede vivir tanto, y quedar tan poco. Sólo recuerdos, algunas fotos viejas y amarillas, y añoranza del tiempo pasado.
Y entonces llegamos los jovenes y no entendemos por qué están los abuelos tristes, por qué están hundidos en sus sillones sin ganas de nada... Van pasando los años y creo que los entiendo, creo que voy comprendiendo lo que significa que la vida vaya pasando, y que las risas del pasado no vuelvan.
Un beso desde el alma para mis queridos padres.

viernes 24 de julio de 2009

De vuelta...

Sentir la inmensidad de un fiordo, estar en el último peñasco al norte de Europa... más allá... el ártico, calentarme los pies en una grieta entre la lava solidificada, presenciar la actividad de un géiser y recibir una buena ducha de regalo, ver una ballena en alta mar, observar a los frailecillos bajo mis pies, sentarme al borde de un acantilado imposible rodeada de miles de gaviotas, calentarme al sol de medianoche, encontrarme ante un inmenso glaciar......

Estas son algunas de las sensaciones con las que me quedo después de este precioso viaje. Desde el fiordo de Geiranger hasta el Cabo Norte, en Noruega, el punto más septentrional del continente europeo, navegar hacia Islandia, esa isla con el corazón de fuego y piel de glaciar, recorrer las islas Orcadas, la Shetland, al norte de Escocia, respirando naturaleza pura, campos verdes salpicados de ovejas, cielos plenos de aves marinas, Y alrededor el mar, siempre el mar... mar del Norte, mar de Noruega, océano Ártico, muchos días bravo, otros liso y suave como la seda... las tardes sentada ante el mar mientras navegas con un buen libro en la mano... mirando al mar... como cuando miras el fuego de una chimenea, que te hechiza con su baile de llamas... El mar hechiza, te hace mirarlo durante un tiempo infinito, sosiega, relaja el cuerpo y el espíritu... Descanso...

El sol desciende en el horizonte, la luz se va apagando, el tiempo se enlentece, se para, el sol ya no desciende, allí está colgado en el cielo, con esa luz dorada tan especial de un atardecer eterno. Y sientes que el tiempo cada vez va más despacio, no hay prisas, la noche no llega y sientes que tienes todo el tiempo del mundo ante ese sol perenne. Una sensación única.

Te obligas a ir a dormir, al día siguiente habrá mucho más que sentir.